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El cooperativismo, solución al desempleo
Enviado el Wednesday, 22 July a las 14:26:08 por carrion |
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A pie de árbol FLAVIANO CASAS MARTÍNEZ
Hay dos clases de paro: el paro contenido y el paro desbocado. El capitalismo español, junto con los últimos gobiernos y el sindicalismo de “concertación”, apostaron erróneamente por la ganancia rápida, el lucro y el diálogo social basado en el clientelismo. Los votos equivalían a ladrillos fabricados en el horno de la corrupción, la banca soltaba todas las amarras, los coches no cabían en las carreteras, y el lema consistía en hacer turismo y consumir hasta reventar. Ocio, turismo, pisos, coches en pleno paroxismo; gobiernos, ayuntamientos, patronales, cámaras de comercio, sindicatos, unidos todos en perfecta conjunción bajo compromisos ficticios, escenificando un desarrolismo trucado que ha dejado en el paro a millones de trabajadores.
Estudiantes de variadas ramas y cualificación, autónomos, pequeños labradores y ganaderos, han quedado también en la indigencia, engullidos por el despilfarro ajeno, la corrupción, la pésima gestión, y la intervención descontrolada de las multinacionales en los sectores claves. Los pueblos rurales abandonados ya marcan rutas geográficas, carecen de toda actividad, y algunos polígonos industriales en las ciudades y villas se asemejan a los cementerios. El “modelo camaleónico” socializa las pérdidas, los gobiernos ayudan a la banca, a las multinacionales del motor, mientras los “sindicatos de concertación” celebraron el Primero de Mayo con el habitual colorido folklórico de banderas y tambores. La economía social se ha resentido hasta el extremo, por lo que la sociedad civil deberá pertrecharse en ella; no como solución coyuntural, sino como modelo sostenible a largo plazo. Para tal fin el cooperativismo ha desempeñado históricamente la función primordial de unificar ideas e intereses, de impulsar el desarrollo social, humano y solidario en contraposición al modelo capitalista que practica la explotación, la usura y la rapiña. Este sistema socio-económico, bajo los Principios de la Alianza Internacional de Cooperativas, abarca actividades de crédito, de trabajo, de consumo, de servicios, de industrialización, de comercialización, de producción ecológica, etc.. El beneficio obtenido retorna a los asociados, se fija la población en el entorno, se robustecen las comarcas, y no se deslocalizan las empresas. El cooperativismo es democrático y participativo; constituye la mejor fórmula de cohesión territorial, económica, social, y fomenta además la intercooperación de diferentes ramas y sectores. Lamentablemente existen falsas cooperativas que transcurren por las vías muertas del mercantilismo en contraposición al verdadero cooperativismo, cuyos ejemplos más representativos se encuentran en Mondragón y en el pujante pueblo andaluz de Marinaleda. Sin embargo los gobiernos apoyan más a las multinacionales y a las actividades especulativas, en las que con frecuencia toman parte. Los beneficios fiscales se han incrementado para la empresa capitalista, mientras se han reducido para las cooperativas, las cuales están en desventaja frente al hecho diferencial competitivo. Además los servicios públicos se están privatizando con miras al negocio, en perjuicio de los empleos de calidad y excelentes servicios que generan las cooperativas en un contexto de economía social y solidaria. Los trabajos de conservación en la Naturaleza, la restauración de edificios públicos, el mantenimiento de carreteras, caminos y sendas; la construcción bioclimática, la producción de alimentos ecológicos (del labrador al consumidor), aportan ya experiencias históricas capaces de sobrevivir cualquier crisis. El “quieto parao” que practica el modelo (mano de obra barata), y los cursillos de “ver pasar el tiempo” son el mayor obstáculo para crear la idea-fuerza que demanda urgentemente la economía social.
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