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Laila: una niña saharaui
Enviado el Wednesday, 22 July a las 14:24:39 por carrion |
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La mirada crítica
Desde hace 3 años Laila pasa con nosotros el verano en Palencia. Laila vive es Auserg, uno de los campos de refugiados saharauis instalados cerca de Tindouf, en el sur de Argelia. Cuando en 1975 Marruecos invadió el Sáhara occidental bombardeando las poblaciones, una parte importante de los saharauis huyeron a través del desierto hasta llegar al sur de Argelia, donde se les permitió instalarse. La vida en los campamentos es muy dura. Sólo la perseverancia de los saharauis y la ayuda de ONGs e instituciones, hace posible la supervivencia en un lugar donde no hay agua y no crece nada, el desierto. El programa de “vacaciones en paz” permite a muchos niños saharauis evitar lo más crudo del verano en los campos, donde alcanzan los 50 grados de temperatura. Hace cuatro años nos planteamos que el tiempo de vacaciones podía ser también un tiempo solidario. En nuestra sociedad, ocio equivale a consumo, disfrute, “desconectar” de las preocupaciones y dedicarse tiempo para pensar en uno mismo. Pero también es posible dar cabida a otras posibilidades. Tenemos la ventaja de trabajar los dos en la enseñanza por lo que las vacaciones de verano son comunes y nos permiten abrir la casa y el tiempo a otras personas. Además queremos que nuestros hijos, Pablo de 6 años y María de 8, tomen conciencia de la existencia de otras realidades, de la diversidad que hay en nuestro mundo y brindarles la experiencia de aprender, compartir y convivir con alguien diferente, con otra cultura, otra mentalidad, etc. Es bueno que valoren “lo mucho” que tienen por vivir donde viven y que esto les abra las puertas a la solidaridad. Todos los veranos seleccionan parte de sus juguetes y los ponen a la venta en un mercadillo de cosas usadas en Saldaña. El dinero que recaudan se lo dan a Laila para llevárselo a su familia. Es un gesto que nos enseña a dar de lo nuestro, a vivir con menos y disfrutar más de las personas. Hay quien nos dice si no es contraproducente que estos niños disfruten de un bienestar, para dos meses después volver a la dura realidad de los campos. Pero durante estos dos meses estos niños y niñas tienen la oportunidad de compensar el déficit alimentario que arrastran, realizar una revisión médica que allí no tienen, aprender un idioma –el castellano–, que puede abrirles puertas en el futuro y ayudarles a entender, que más allá de los campamentos hay otro tipo de vida y que no deben conformarse con lo que el destino les ha deparado. En nuestro entorno cercano (familia, amigos, conocidos), Laila es un testimonio vivo de que vivimos en un mundo tremendamente injusto y nos recuerda a todos lo privilegiados que somos al disfrutar de bienestar, paz y derechos de los que muchos otros carecen. En ese sentido, como ya se ha dicho, los niños son los mejores embajadores de la causa saharaui. El futuro de Laila como el de los demás niños saharauis es incierto. Están atrapados en una encrucijada de intereses políticos que no parece tener solución. Los gobiernos implicados (entre ellos el español) han sido incapaces en 30 años de dar una solución a este problema. Sin embargo a través del programa de vacaciones en Paz, se está tejiendo una red de solidaridad entre familias españolas y saharauis que es un vehículo muy eficaz de ayuda y un signo de esperanza y solidaridad.
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