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  Gastronomía: Vinos de Palencia
Enviado el Wednesday, 22 July a las 14:20:30 por carrion
 
 
  Comunicados Vinos de Palencia: una historia larga y una vida corta con futura
FERNANDO FRANCO JUBETE

En la memoria reciente de los palentinos no existía ningún vino embotellado de calidad que pudiese acompañar a nuestros excelentes alimentos. Por ello, los hosteleros, al visitante foráneo que demandaba un vino de la tierra, siempre le contestaban con la frase hecha “en Palencia no tenemos vinos, aquí los vinos de la tierra son los blancos de Rueda, los rosados de Cigales y los tintos de Ribera”. Y la historia vitivinícola palentina del siglo XX les daba la razón porque, aunque en los comienzos del siglo la superficie de viñedo en Palencia se aproximara a las 31.000 hectáreas, la crisis de la filoxera, la demanda de trigo tras la guerra civil, la crisis de la mecanización de la agricultura entre 1960 y 1980 y la concentración parcelaria fueron provocando la desaparición del viñedo y Palencia acabó el siglo con 900 hectáreas destinadas mayoritariamente al autoconsumo. Sólo un agricultor palentino decidió seguir siendo viticultor y elaborador de vinos: Remigio de Salas Jalón. Mantuvo su bodega histórica –El Museo Vivo del Vino Palentino– abierta al público todos los días para vender a granel sus clairet, sus tintos finos (más que claretes y ojogallos) elaborados con las técnicas exigidas por los franceses, cuando la Sociedad Eldana, creada por los bodegueros de Dueñas, exportaba vino a Francia. Los bocoyes marcados con las siglas PS, de Pablo Salas abuelo de Remigio, eran muy demandados. Quizá por ello, Remigio y Pilar, su mujer, supieron mantener el tesoro de sus 85 hectáreas de viejos viñedos, conservar sus técnicas tradicionales de elaboración y comercializar sus vinos como siempre, a granel y en bodega.



Si que es cierto que, al finalizar el siglo XX, no se comercializaba ni un solo vino palentino embotellado, aunque los hosteleros olvidan que la jarra de vino de la casa, que ofertaban muchos establecimientos, era de vino de Remigio. Pero las cosas comenzaron a cambiar en Torquemada en 1998 con el nacimiento de la Asociación Enológica Cultural Ladrero, cuyos objetivos eran recuperar el patrimonio perdido y el pasado esplendoroso de “una de las primeras bodegas de Castilla”, en palabras del gran historiador Alain Huetz de Lemps. De aquélla iniciativa surgieron dos bodegas Vitivinícola Ladrero y Vitivinícola Torquemada (hoy sin actividad comercial) y un vino, Ladrero joven roble 2001, que fue denominado “primer vino palentino de calidad del siglo XXI” y, tras salir al mercado, comenzó a acompañar a los Alimentos de Palencia en ferias, certámenes y actos oficiales. Las autoridades, los políticos, las instituciones lo recibieron con los brazos abiertos, la hostelería lo ignoró, al primer vino palentino embotellado y a todos los siguientes.


Casi al mismo tiempo, en Castrillo de Don Juan, Venancio Aragón, un veterano agricultor, ponía en marcha su Bodega Aragón Benito, después de luchar como alcalde de su pueblo por su integración en la Ribera del Duero. Pero como sus viñedos siguen en la raya, como un eslabón perdido del Duero, decidió construir una nave de elaboración sobre las ruinas del lagar del palacio de los marqueses de la Vega de Boecillo y comercializar sus vinos rosados, tintos jóvenes y con crianza, muy correctos y de los que se beben con facilidad y placer, con la marca Lagar Corro de Palacio.
La renovación de la Bodega Remigio de Salas Jalón llegó con su hija Amada y sus primeras elaboraciones, embotelladas con la contraetiqueta de la D.O. Cigales bajo la marca Las Luceras, llegaron en el año 2003. Sus vinos rosados, tintos jóvenes roble y crianza, procedentes de sus viejas viñas, están comenzando a recibir medallas y triunfar en numerosos concursos nacionales e internacionales.


La familia Primo Cavia, con Fernando, cerrateño hasta la médula y al pie del cañón en Quintana del Puente, después de comprar la Dehesa de Negredo y plantar 17,5 hectáreas de un espectacular viñedo entre encinas, con Palenzuela al fondo del paisaje excepcional, sacaron al mercado su Pagos de Negredo joven roble 2004 e inauguraron la D.O. Arlanza con su primer crianza en 2007. Hoy, con Fernando cuidando el viñedo y las elaboraciones y Jaime en la gestión comercial, comienzan a llegar las medallas gracias a la calidad incuestionable de sus vinos.


Miguel Ángel Gala es un empresario herrerense, afincado en Alcalá de Henares, que invirtió en Venta de Baños, creando una residencia para la tercera edad excepcional (Baño Salud) y una bodega en la finca del antiguo seminario marista, junto a la estación de ferrocarril. Bodegas Barrialba es un auténtico capricho destinado a la elaboración de vinos tintos cuidados y hedonistas. Sus vinos Barrialba y Señorío de Cámara están destinados a satisfacer los sentidos y sólo si cumplen este requisito su propietario los embotella.


Carmelo Serrano, empresario del mueble, pero nieto del “Botero de Frómista”, heredó sus viejas instalaciones en las que, además de fabricar odres o pellejos para el transporte de vino, elaboraba y comercializaba vino producido en el territorio. Pero hoy en Frómista no hay viñedos. Por ello, Carmelo adquiere los mostos en la Ribera del Duero y los elabora y envejece en su espectacular bodega subterránea, comercializándolos con la marca Zarzavilla. Unos tintos intensos, con carácter y alta expresión.


Después de ser pionera en el despegue descrito, Vitivinícola Ladrero atravesó una grave situación financiera por su desastrosa gestión. Una nueva dirección y accionariado a partir de 2006 que decidió cambiar de marca, unidos a Germán Santoyo, alma de la bodega desde el primer día, y el enólogo palentino Rubén Montero, han conseguido sus excelentes vinos actuales Señorío de Valdesneros, que contraetiquetan en la D.O. Arlanza.


Pedro Esteban Turcio pertenece a la saga de “los Nestor”, reconocidos en Torquemada por su dedicación a la destilación de orujo, anís y brandy, comercializados con las marcas “La Palentina” y “Garupa”. El esplendor perdido y añorado de “La Rosario Fábrica de Licores” lo recuerdan los torquemadeños veteranos y pretenden recuperarlo a través de su viñedo y Bodega Esteban Araujo, Pedro su mujer y sus hijos. En su bodega tradicional y con una elaboración artesana, están consiguiendo un correctísimo vino tinto joven roble que comercializan con la marca Monjío, adscrito a la D.O. Arlanza. Es la séptima y última bodega incorporada a los Vinos de Palencia.


El éxito del turismo enológico palentino, de las Rutas Caminos de Arte y Vino, organizadas por el Patronato de Turismo de la Diputación Provincial, ha desbordado todas las previsiones y demostrado que los palentinos están con sus vinos que integran indisolublemente con los alimentos, paisajes y patrimonio artístico de Palencia. Y quienes nos visitan también. Fue cierto que los primeros vinos de Palencia, que salieron al mercado entre los años 2001 y 2005, incorporaban cierta precipitación propia del aprendizaje del oficio y de una escasa autocrítica a la hora de embotellarlos, provocaron furibundas descalificaciones para siempre, por los entendidos de la barra del bar. No pensaron que los vinos cambian todos los años y, con sosiego, paciencia y buen hacer, más. Pero hubo hosteleros que, mayoritariamente, decidieron ignorar su existencia, del mismo modo que han ignorado los Alimentos de Palencia, incluso cuando deberían ser de obligada presencia: en las casetas de ferias.

En San Antolín 2008 se produjo un hecho admirable: un único hostelero apostó por los vinos y los alimentos de Palencia. Los consumidores palentinos y foráneos optamos decidida y entusiásticamente por él. Fue una delicia observar su caseta abarrotada de consumidores entusiastas y las de su entorno vacías, tras haber optado por vinos baratos y alimentos indecentes, pretendiendo pillar pasta a expensas de consumidores incautos. Afortunadamente ya no lo somos. Larga vida a los Vinos de Palencia que, algún día, los hosteleros palentinos nos ofrecerán sin pedirlos, sin exigirlos sin vergüenza.
 
 
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